Los Reyes, entrañable documental chileno que cautivó a la crítica mundial llega a Valparaíso

Fútbol y Chola son una dupla de perros que pasan sus días en el skatepark del parque Los Reyes, de Santiago. Obsesionados con una pelota de tenis, juegan entre motos, burros y adolescentes en rebelión con el mundo. Una historia emotiva sobre una amistad que no necesita palabras. Los Reyes ha sido premiada y exhibida en más de 80 festivales internacionales y que muestra “un mundo mágico donde los perros mandan”. 

El párrafo pertenece al diario inglés The Guardian y es uno de los tantos textos elogiosos que ha recibido el filme desde que debutó en el Festival Internacional de Documentales de Ámsterdam. Co-dirigido por Bettina Perut e Iván Osnovikoff (‘Un hombre aparte’, ‘Surire’), llegará a salas chilenas el próximo 28 de noviembre.

La prensa especializada también ha dicho: “tiene un encanto hipnótico que los amantes de los animales no podrán resistir” (Allan Hunter de Screen International), “la película se preocupa por estas dos criaturas y también lo hará el público al final” (Peter Debruge de Variety), “la rutina de descanso y juego de los perros nos adormece en un estado contemplativo, lo que nos permite apreciar mejor el misterio de la existencia” (Bilge Ebiri del The New York Times), “es un intento radical de ver el mundo desde una perspectiva no-humana” (Keith Watson de Slant Magazine).

EL SENTIDO

El proyecto nació en el año 2009, cuando Bettina le regaló a Iván un skate con el fin de que volviera a patinar. Así, él comenzó a ir al parque Los Reyes todas las semanas. “A medida que Iván entraba en confianza con los jóvenes skaters, iba escuchando conversaciones que después me contaba y que eran interesantes”, cuenta ella. “A inicios de 2013 apareció la idea de hacer una película en Los Reyes, centrada en los skaters locales. A mí al principio no me entusiasmaba mucho trabajar con adolescentes, pero a medida que la idea se fue desarrollando me fui convenciendo”.

“A finales de 2015 ya estábamos grabando”, agrega Iván. “Ahí empezaron también los problemas: los skaters no se soltaban con la cámara, se cohibían, otros sobreactuaban, sus conversaciones eran vacías, no estaba resultando. Además, Bettina no estaba conforme con la propuesta visual, pensaba que la forma era convencional y que no era coherente con nuestra identidad artística, por lo que estábamos cayendo de lleno en el docureality”.

Bettina continúa: “El Fútbol y la Chola aparecen justo en lo peor de la crisis. Un día Iván estaba patinando en Los Reyes y lo llamé por teléfono para decirle que debíamos cambiar el foco a la película. Iván me dice que en ese momento había un par de perros jugando en los bowls con una pelota, que tenía que ver eso”.

“Así que al otro día Bettina fue a ver a los perros y se cautivó”, recuerda Iván. ‘Esta película tiene que ser sobre estos dos perros’, dijo. “Yo no estaba de acuerdo. ¡Había que incluir a los perros, pero no había para qué eliminar a los skaters! Para Bettina los perros eran el objeto de experimentación audiovisual que estábamos buscando, que tenían un potencial cinematográfico enorme y que a través de ellos podíamos darle un vuelco muy interesante a la historia de los skaters”.

DOCE MESES DE RODAJE

“Al final la intuición de Bettina de que la película tenía que ser sobre Fútbol y Chola se fue imponiendo por sí sola”, dice Osnovikoff. “Tenía toda la razón. Grabar por meses a los perros fue investigarlos en detalle, descubrir dimensiones y relaciones inesperadas, imágenes sorprendentes. Y los skaters continuaron en la película, pero de manera subterránea, pasando a ser parte de la atmósfera sonora del mundo de los perros, de lo que los rodeaba”.

La dupla de realizadores asegura que el público se encontrará con “una película emotiva y divertida”. “Es una película graciosa y emotiva sobre un microcosmos: el skatepark Los Reyes”, complementan. “Este lugar es visto desde el día a día de una pareja de perros maravillosos que se aman, el Fútbol y la Chola, y que viven rodeados de insectos, autopistas y adolescentes humanos tratando de surgir en la vida de manera un poco torpe. De lo que estamos orgullosos es de que todas estas dimensiones se entrelazan y crean una experiencia cinematográfica que valió la pena”.

Premios 

  • Premio Especial del Jurado, Festival Internacional de Cine Documental de Amsterdam IDFA, 2018
  • Premio Nat Geo a la Mejor Película, Millennium Docs Against Gravity, 2019
  • Mención Especial del Jurado, Fic Monterrey, 2019
  • Premio Mejor Sonido, Santiago Festival Internacional de Cine SANFIC, 2019
  • Mejor Largometraje Latinoamericano, Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires FIBDA, 2019
  • Mejor Documental Latinoamericano, FICViña, 2019

Desde sus comienzos, la obra documental que viene realizando la dupla Bettina Perut e Iván Osnovikoff ha destacado por el riesgo y la creatividad en sus temas, tratamientos y puntos de vista. Con ocho largometrajes a su haber, su recorrido poético está lleno de puntos de giro y mutaciones que han acompañado las transformaciones tecnológicas y culturales de su época, desafiando las premisas más estables y conservadoras de aquello que se entiende por cine documental.

Su obra ha ido pasando de un primer registro muy físico y gestual vinculado al alivianamiento de las cámaras y la pulsión voyeur, presente en películas como Chi-chichi Le-le-le Martín Vargas de Chile (2000) o Un hombre aparte (2002), que enfatizaban a su vez la dimensión performática de sus protagonistas (el boxeador Martín Vargas en la primera, y un fantasioso manager en la segunda); hacia una estilización visual que empezó con el ejercicio de “etnografía invertida” Welcome to New York (2006), encontró una bisagra en la exploración ética del campo (y su límite) en Noticias (2009), y llega a un punto cúlmine en Surire (2015), un documental sobre un salar en el altiplano donde paisaje, naturaleza, animales y humanos, son observados desde una mirada que combina lo sensorial con la materialidad.

Antes que conclusiones, los documentales de Perut + Osnovikoff plantean preguntas, interrogan los límites y los sentidos comunes. Es el caso, por ejemplo, de sus dos entradas en torno a la memoria social, por un lado El astuto mono Pinochet contra la moneda de los cerdos (2004) donde grupos de escolares representan el golpe militar mediante improvisaciones actorales donde se combina el juego y la parodia, hablándonos de un presente conflictivo que habita en los cuerpos, cuestión que enfatizaron aún más en La muerte de Pinochet (2011), un “fresco social” en torno al día de la muerte de Pinochet.
Aunque su obra ha sido discutida e incluso marginada de algunos circuitos, su propuesta no ha hecho más que crecer y abrirse a nuevas vías, comprendiendo el cine documental como una exploración tanto plástica como social. 

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