[Crítica] No muy lejos y a poca profundidad: sobre “Las cruces” de Teresa Arredondo y Carlos Vásquez

Por Paolo Mori Rojas

Todo crimen se ubica en un lugar y tiempo determinado, con motivos y responsables. A días del golpe militar, 19 trabajadores de Laja y San Rosendo, que desempeñaban tareas en la papelera CMPC y además contaban con participación política de izquierda, son asesinados a manos de los pacos, con ayuda de civiles y personal de dicha empresa. Casi 40 años después, uno de los responsables rompe el pacto de silencio y entrega su testimonio para cooperar con la investigación.

La filmación se ocupa de entregar los hechos de manera cruda y directa. Los paisajes son presentados sin ningún tratamiento ni edición y en ellos se introducen voces en off que relatan testimonios de la yuta y otras personas asociadas al crimen. No cumple con lo que se espera de un documental: no hay entrevistas a familiares, no se exhiben archivos de prensa ni preguntas a abogados o fiscales. Tampoco hay canciones emotivas o sonidos de disparos.

Son esas ausencias y la forma en que trabajan los vacíos de contenido las que entregan un nuevo aire al género documental de memoria. El hecho de filmar en 16mm constituye en sí mismo un acto de resistencia. En palabras de la realizadora, filmar en este formato implica decidir con anticipación y precisión las locaciones y la forma en que se filmarán. En la era digital regresar a este formato en vez de filmar y filmar sin cuidado, es reflexionar sobre el cine y su explotación indiscriminada de paisajes y hechos con fines estéticos y/o comerciales.

En la misma línea de resistencia y memoria ingresan las decisiones de color y sonido. Los documentos legales son exhibidos en negro. En documentales y reportajes los papeles comúnmente son mostrados en su color blanco les entrega una condición de prueba, una especie de victoria en lo legal. Con el negro, a aquella victoria se le agrega el horror con el que ahora carga el documento.

Las fotografías agregadas a la carpeta de investigación quiebran las secuencias de paisajes citadinos y naturales, aparecen con un marcado color blanco y de imprevisto, provocando un destello que hace querer cerrar los ojos. Se produce una experiencia simbólica: nos creemos curados de espanto porque decidimos ir a ver una película sobre crímenes de lesa humanidad, pero cerramos los ojos porque es difícil mirar el horror.

Es el sonido quién nos da las noticias sobre los crímenes. Los documentos legales marcados por su lenguaje rígido y objetivo, cobran vida en las voces de habitantes de Laja y San Rosendo mediante su acento y ritmo sureño. Las voces de sus habitantes y la revelación del crimen hacen avanzar al paisaje para convertirlo en territorio, son quienes le entregan la historia que le corresponde y define.

No es que la propuesta presentada por el documental sea de contrastes; el contraste mismo lo constituye, lo interpela. La categoría de recurso sección, aplicada al sonido e imagen, se disuelve. Ambos elementos entran en un estado de sinergía y pasan a formar la orgánica del filme: imagen sin sonido o sonido sin imagen, la propuesta se desmorona.

Imaginamos el horror de ser asesinados en un lugar hermoso. Sentimos la paradoja de que la muerte tuvo lugar en una tierra llena de vida. Es una experiencia objetiva y sensorial que invita a responder preguntas como lo la banalidad del mal y el cómo se honra la vida de personas asesinadas en dictadura, además de replantearnos con qué ojos observamos nuestro paisaje, colmado de muerte y complicidad.

Se nos presentan los hechos, se levantan indicios, personas y coordenadas son señaladas. Se reconstituye la escena para reconstruir la memoria, y de paso, corroborar la situación de un país que tiene sus pilares desgastados. Todo crimen se ubica en un lugar y tiempo determinado, con motivos y responsables. Si vamos a derribar los pilares, el documental apunta sin miedo a quienes colaboraron con su construcción. No muy lejos, y a poca profundidad, está la historia esperando no ser repetida.

FICHA TÉCNICA 

  • Título: Las Cruces
  • Año: 2018
  • Duración: 80 minutos
  • Formato Filmación: 16 mm
  • Tipo de Filme: Documental
  • Directores: Teresa Arredondo y Carlos Vásquez Méndez
  • Productores: Claudio Leiva Araos y Patricio Muñoz G.
  • Fotografía: Carlos Vásquez Méndez
  • Sonido: Andrea López Millán
  • Montaje: Carlos Vásquez Méndez, Martín Sappia [EDA]
  • Postproducción Imágen: Kiné Imágenes (Daniel Dávila)
  • Postproducción Sonido: Sonamos (Roberto Espinoza)

Texto publicado en el proceso del  Laboratorio de Crítica Cultural 2020 (LCC) realizado por Balmaceda Arte Joven Valparaíso.

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